jueves, 5 de marzo de 2009

EL MODERNISMO

El modernismo surge por la evolución del eclecticismo y el historicismo. Es un arte burgués, muy caro, que intenta integrar en la arquitectura todo el arte y todas las artes. El modernismo es una corriente esencialmente decorativa, aunque posee soluciones arquitectónicas originales. Se desarrolla a caballo entre los siglos XIX y XX.
El modernismo deja de lado las soluciones que la revolución del hierro y del cristal aportan a la arquitectura, aunque se sirve de la industria para la decoración de interiores y las forjas de las rejerías, etc. Sus formas son blandas y redondeadas, aunque no es esto lo característico del modernismo, sino la profusión de motivos decorativos.
La influencia del modernismo arquitectónico se deja sentir en la arquitectura actual, la de los años 80 y 90 de siglo XX.
El modernismo como tal, nace en Bélgica de la mano de Van de Velde y Víctor Horta, aquí se llama art nouveau. Henry Clemens van de Velde (1863-1957) es uno de los primeros modernistas. Construye la casa Bloemenwert, pero lo más interesante es el diseño de su decoración. Tiene influencias del expresionismo alemán, y son típicos sus tejados ondulados. Víctor Horta (1861-1947) es el más puro de los modernistas, y el más representativo. También son típicos sus tejados ondulados así como sus fachadas, que provocan un juego de luces y sombras muy decorativo; que recuerdan al barroco. Descubre las posibilidades del hierro, en el que crea grandes forjas. Los elementos decorativos de su arquitectura se curvan, asemejando la vegetación natural. Obra suya es la escalera de la calle Paul-Emile Janson en Bruselas, y múltiples kioscos de hierro y bocas de metro lujosamente decoradas. También hizo la casa Solvay en Bruselas. Lo más característico de esta casa son sus interiores lujosamente decorados y muy recargados, con lámparas, papel pintado y vidrieras; todo de diseño. Otras obras suyas son las casas Tassel, Solvay y del Pueblo, el palacio de Bellas Artes, en Bruselas y el Gran Bazar de Fráncfort.
William Morris (1834-1896) es otro de los grandes modernistas, de origen inglés. Su modernismo no cae en los excesos decorativos, es el más sobrio del movimiento, aunque continúa siendo recargado. Sobre todo diseña muebles y pequeños utensilios cotidianos.
Otro inglés es Charles Rennie Mackintosh (1868-1928) que es uno de los más grandes modernistas. Sus planteamientos son originales y aportan nuevas soluciones a sus problemas arquitectónicos. Son características las formas prismáticas y octogonales. Mackintosh es el arquitecto modernista más sobrio en los exteriores, lo que le vale ser un precursor del racionalismo. Diseña muebles y joyas, y construye la Escuela de Arte de Glasgow


Obra de Victor Horta

Gaudí y el modernismo en España
El movimiento modernista también tiene en España representantes de talla internacional. El más destacado de todos ellos, por su originalidad, es Antonio Gaudí (1852-1926), uno de los arquitectos más personales y originales del movimiento. Gaudí pone la decoración que define al modernismo en el exterior del edificio. Esta característica le hace ser un personaje singular y aislado dentro del movimiento. Su imaginación para la decoración exterior es desbordante. Utiliza profusamente los juegos de curvas y contracurvas, las luces y las sombras. Sus soluciones son tan originales que en muchas ocasiones supera los límites del modernismo e influye, claramente, en la arquitectura de los años 80 y 90 del siglo XX.
Gaudí, en su primera etapa, tiene tendencias historicistas, e incluso nacionalistas de estilo neomudéjar. De esta primera etapa son la casa Vicens, el palacio episcopal de Astorga, la finca Güell, el Capricho de Comillas, y la casa de Botines en León. En una segunda etapa, ya más personal, recibe la influencia del arte africano y de los pueblos primitivos, sobre todo árabes, la naturaleza y las formas de Capadocia. Esta influencia se puede ver en el parque Güell.
A Gaudí se le ha considerado, en ocasiones, como el último artesano medieval, ya que no recurría a la industria para solucionar sus problemas arquitectónicos, sino que daba respuestas concretas y originales a problemas específicos, elaborando las piezas de manera única. Proyecta sus edificios como casi como esculturas. Los muebles, los mosaicos, las rejerías, todos los detalles finales salen de su propia mano. Utiliza escasamente el hierro, sólo en sus fabulosas rejerías.
El parque Güell es una de sus obras más originales. Es, en realidad, un proyecto para una ciudad jardín, pero se queda en su preparación. Para la decoración de todos los motivos usa la cerámica rota, que pega a modo de mosaico. Utiliza como recurso las columnas inclinadas, para dirigir el peso, así como arcos y arbotantes con distintos ritmos, dando al conjunto una apariencia caótica, casi expresionista. La casa de Felipe Batlló es otra de sus obras más representativas. En ella se ven claramente sus tendencias expresionistas. Los volúmenes asemejan cuerpos de animales.
La casa Milá es una de sus obras más conocidas e internacionales. Asombra su decoración de guerreros, sus luces y sus sombras y las diferentes texturas que se observan.
Pero la obra más significativa de Gaudí es la Sagrada Familia, su último encargo, que dejó inacabado, pero que es una auténtica antología de toda su obra, y su edificio más conocido.
Además de Gaudí hay en España otros arquitectos modernistas de importancia, mucho más clásicos, que trabajan en todo el país, aunque principalmente en Barcelona y Melilla. Melilla es, tras Barcelona, la ciudad de España que más edificios modernistas concentra, gracias a la labor de un discípulo de Gaudí, Enrique Nieto, que se afincó en Melilla debido a lo difícil que era trabajar en Barcelona. Entre estos arquitectos destacan Lluis Doménech i Montaner (1850-1923), que construye el Palacio de la Música de Barcelona, Josep Puig i Cadafalch (1867-1956), casa Martín, Los cuatro gatos, Enric Sagnier, Alexandre Soler i March y Francesc Guardia i Vial.
Tras la marea modernista se retoma el nacionalismo arquitectónico con Antonio Palacios (1876-1945): Banco Central, Casa de Correos, Antonio Flórez (1877-1941): Residencia de Estudiantes, Teodoro Anasagasti (1880-1918): Real Cinema, cine Monumental, Modesto López Otero (1885-1962): Ciudad Universitaria de Madrid. Incluso encontramos regionalismos como, en Cantabria Leonardo Rucabado, en el País Vasco Manuel María Smith, en Aragón Ricardo Magdalena y Félix Navarro, y en Andalucía Aníbal González. La siguiente generación, al recuperar el nacionalismo, encontró el estilo herreriano, lo que les acerca al racionalismo. Destacan Secundino Zuazo (1887-1970): Nuevos Ministerios, y Gutiérrez Soto: Ministerio del Aire.

Obra de Gaudí



Obra de Josep Puig i Cadafalch
Obra de Teodoro Anasagasti

El modernismo: Pintura y escultra
El modernismo no se ocupó de la pintura más que en su dimensión de escenas decorativa que complementa a la arquitectura. El modernismo se caracteriza por la ostentación decorativa. Trabaja, fundamentalmente, la vidriera y el papel pintado, así como el cartel para espectáculos. Es un arte comprometido con la revolución industrial. El modernismo es, ante todo, un arte decorativo.
La vidriera es lo más característico de la pintura modernista. Utiliza colores planos, cristales grandes y vidrieras de poco peso. Su actitud decorativa es tan radical que en otros países el modernismo se llama art decó, estilo moderno, Sezessión o art nouveau.
El papel pintado, reproducido en grandes cantidades por la industria, se usó para recubrir las paredes, y algunos pintores modernistas se ocuparon de él. El modernismo es un arte muy caro, al que sólo podía acceder la burguesía, y por lo tanto refleja el gusto burgués. Se caracteriza por el color, la fantasía y la riqueza, con un toque esnob y hortera.
El cartel es el otro gran motivo modernista. Sirve para anunciar los espectáculos a los que asiste la burguesía, pero también de propaganda política e ideológica, y de anuncio de productos industriales. El gran cartelista es Toulouse-Lautrec, que ejercerá su influencia durante mucho tiempo.
La arquitectura es el arte donde se engloban todas las artes, y todas están subordinadas a ella: rejería, cerámica, escultura y, por supuesto, pintura. Su sentido decorativo le lleva a potenciar el dibujo geométrico y la decoración abstracta. No existe una clara separación entre artes mayores y menores, por lo que la cerámica, la orfebrería y el diseño de muebles entran dentro del arte modernista con pleno derecho.
Predominan los temas naturales, flores y pájaros que se repiten a lo largo del plano, los motivos japoneses, los arabescos y las formas contrastadas.
De los grandes pintores modernistas Gustav Klimt (1862-1918) es el más representativo: El beso, La espera, La primavera, Judith. Pero también están Egon Schiele: Mujer con dos niños, Max Klinger: Cristo en el Olimpo, Franz von Stuck: La guerra, Alfons Mucha: Medea, ilustra libros, Henri Jacques Edouard Evenepoel: El español en París, Theodore van Rysselberghe: La lectura, Aubrey Beardsley: ilustraciones para libros, William Morris: La reina Ginebra, y Henry Clemens van de Velde.
En España destacan Ramón Casas: etiqueta de Anís el mono, Cabeza de un bandolero, La carga, cartel de Codorniú, Santiago Rusiñol: Jardín de Aranjuez, Escaleras del Generalife, Joaquín Sunyer: Paisaje de Mallorca, Hermenegildo Anglada i Camarasa: En el baile, Joan Brull: Las ninfas, Ricard Canals:Un palco en los toros, Xavier Gosé: Señoras con sombrero, José María Sert i Badia y Miguel Utrillo. La mayoría de ellos son catalanes, ya que el modernismo arraiga, sobre todo, en Barcelona.
Como cartelistas destacan Theophile Alexandre Steinlen, Jules Cheret, y Leonetto Cappiello.

La escultura
Curiosamente, la escultura modernista no está muy desarrollada, en realidad se trata de un uso de la escultura simbolista en los edificios modernistas. Trabajan para los arquitectos todos los grandes escultores, pero la escultura no tiene cabida dentro de una casa. Sí destaca, en cambio, el diseño de joyas y muebles y las porcelanas, en las que destaca Lambert Escalé, Busto, y Pierre Roche.

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